Para entender el concepto de “logística” es conveniente remontarnos al concepto clásico, originado desde la antigüedad en los ejércitos. El área de logística en cualquier guerra es responsable de poner en el frente de batalla desde armamento y municiones, hasta hospitales, médicos, medicinas, alimentos, ropa, medios de transporte, tiendas de campaña, servicios funerarios, servicios religiosos, organizar actividades de entretenimiento y todo aquello necesario para que el ejército cumpla sus responsabilidades. Del mismo modo, quien se encarga de organizar un mitin, -llevando la responsabilidad de invitar al público-, la agenda del evento, acondicionamiento del lugar, etc., así como quien organiza visitas domiciliarias, debates públicos, etc. está más orientado a las acciones de tipo logístico, que al marketing.

Podemos definir que el marketing político constituye la actividad de tipo estratégica y táctica, orientada a fortalecer la competitividad de la oferta política, -en el caso de las campañas electorales-, o a posicionar en la mente de los ciudadanos a un proyecto u obra de gobierno, con el fin de generar consensos para su aceptación pública y obtener apoyo de la sociedad.

La competencia o el riesgo son la razón de ser del marketing político, y la oferta política es el objeto de trabajo. En ausencia de una oferta política competitiva, es cuando la superficialidad se apodera de las campañas y éstas se convierten -o en un juego retórico de agresiones y descalificaciones-, o en un juego frívolo sustentado en el carisma del candidato. continua...

 

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