Pero hay algo más que motiva al corsario holandés: la
joya perdida por su bisabuelo 115 años antes, cuando acompañaba a Sir
Francis Drake en su incursión en el codiciado puerto: la corona de
diamantes que la reina Isabel de Castilla entregó a Cristóbal
Colón como parte del lote de alhajas con el que patrocinaría el viaje a
América.
Laurens de Graaf, de refinado gusto y modales
contrastantes con los habituales entre sus colegas, emprende la a
ventura por recuperar la pieza mientras se ve envuelto en un apasionante
amorío con una de sus aristocráticas cautivas, doña Leonor, quien habrá
de influir en el destino de los prisioneros retenidos en la antigua
Parroquia de la Merced.
El tesoro de Laurens de Graaf combina la
novela histórica con la intensidad de los relatos de aventuras.